Dormir en el aeropuerto de Madrid-Barajas:
la cara oculta de la crisis de vivienda
Cada noche, decenas de personas duermen en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. No esperan un vuelo. No son turistas. Son personas sin alternativa habitacional viable en Madrid. Para muchas, es la única opción segura, con baños, calefacción y un techo sobre la cabeza.
Este fenómeno es el reflejo más visible de un problema estructural: el acceso a la vivienda en Madrid se ha vuelto inaccesible para una parte creciente de la población. No hablamos solo de personas sin hogar en situación de calle, sino también de quienes, pese a tener ingresos – incluso trabajo -, no pueden pagar un alquiler.
Vivienda fuera del alcance
El alquiler medio en Madrid supera ya los 1.200 euros. En barrios populares, una habitación puede costar más de 500. Con sueldos precarios, rentas mínimas o pensiones bajas, muchas personas quedan fuera del mercado. La falta de vivienda pública y las políticas insuficientes agravan la exclusión residencial.
Dormir en Barajas no es una elección. Es el último recurso para personas muy distintas: migrantes en proceso de regularización, jóvenes expulsados del mercado de alquiler, trabajadores pobres o mayores con pensiones mínimas. Cada una de ellas se enfrenta a una situación de vulnerabilidad distinta, pero todas comparten una misma consecuencia: no tienen un lugar donde vivir dignamente.

Una realidad invisible
Quienes duermen en el aeropuerto intentan pasar desapercibidos: fingen esperar un vuelo, se asean en los baños, se confunden entre la multitud. Esta invisibilidad los protege, pero también los aísla. Sin domicilio, es difícil acceder a derechos básicos, mantener un empleo o recibir apoyo social.
Atender con políticas diferenciadas
Desde Fundación Diversitas creemos que es urgente visibilizar esta realidad y actuar. El sinhogarismo adopta múltiples formas y requiere respuestas diferenciadas: no es lo mismo estar en la calle que vivir en refugios, en viviendas inseguras o en espacios como un aeropuerto. Pero todas estas situaciones tienen algo en común: son incompatibles con una vida digna.
Por eso, reclamamos:
- Más vivienda social y alquiler asequible.
- Políticas específicas según el tipo de exclusión residencial.
- Medidas que garanticen ingresos suficientes y empleo inclusivo.
- Acompañamiento real para salir del bucle del sinhogarismo.
Vivir con dignidad es un derecho. Y una ciudad que permite que parte de su población duerma en un aeropuerto no puede considerarse justa.
Si quieres conocer más o apoyar nuestro trabajo, ponte en contacto con Fundación Diversitas.