Lucia Sant "Tenéis que gritar a los cuatro vientos que necesitáis ayuda. Hay que saber decir BASTA"

La Fundación Diversitas se suma al Día Internacional contra la Violencia de Género

Julieta es Lucía, y durante el año 2021 acudió a nuestra Fundación para encontrar un empleo y volver a coger las riendas de su vida. Julieta es una mujer y una madre, que se despertaba todas las mañanas soñando con la libertad, y con reemplazar las lágrimas por sonrisas.

 

Desde Diversitas hoy nos hemos juntado con Lucía Sant (Julieta) para que nos contara desde sus palabras su propia historia, la cual es narrada en el libro escrito por ella misma: “Yo Julieta”, que os animamos a leer y conocer.

 

La pandemia mundial del COVID-19 fue una época difícil para Lucia, aunque acabó siendo una oportunidad para escribir el libro. “No podía trabajar, estaba en una situación de impotencia. En ese momento estaba sola en casa, así que busqué un ordenador de segunda mano y ahí me puse a redactar todo”.

 

Lucía sufrió violencia de género por parte de su su expareja durante 10 años y es ahora, tiempo después cuando plasma su historia en las páginas de «Yo Julieta».

 

Ella, madre de tres hijos, nos cuenta como ellos son las víctimas inocentes de esta historia, y que ese sufrimiento los acompañará toda la vida.

 

Lucia sufrió violencia machista durante 10 años en 1980, en Paraguay, durante el fin de la dictadura de Alfredo Stroessner. Cuando decidió terminar la relación con su maltratador, este la persiguió, la amenazó e incluso secuestró a sus hijos durante un año y medio hasta que Lucía aceptó volver con él. Más tarde consigue separarse y finaliza la relación y al tiempo el hombre sufre un infarto y fallece.

 

Años más tarde, y ya en España, llamó al 016 por primera vez, fue escuchada y atendida, pero no fue hasta dos meses después que ella recibió su primera atención psicológica, por parte de Nuria, una psicóloga del C.A.P.S.E.M (Centros de Atención Psicosocioeducativa para mujeres y sus hijas/os víctimas de violencia de género).

 

Hoy en día, sigue con ella, y la siente como un pilar fundamental en su proceso. Esta llamada la hizo cuando aún no había sufrido ninguna agresión, pero necesitaba ayuda con urgencia, pues ya estaba metida en la espiral de la violencia.

De este proceso, destaca la eterna burocracia y los protocolos, que sin duda ella recortaría; por otro lado, apunta que sería relevante la creación de una Unidad de Vigilancia, que respetara el anonimato de las mujeres y fuera un lugar de referencia para ellas. No duda de la actuación policial, pero reclama una mayor acción posterior ante ese grito y esa necesidad inmediata.

 

Lucía ha sufrido mucho pero también nos comenta que todo este proceso le ha aportado fortaleza, crecimiento a nivel humano, y que ha necesitado el gran apoyo de sus hijos. Estos han sido un referente, un tocar tierra y un soplo de fuerza constante.

 

Lucía era una persona procedente de una familia tradicional con una visión inocente de la vida, según sus propias palabras. Su agresor se encargó de minimizar su ego y su amor propio. El le hacía sentir que lo necesitaba hasta para respirar y que si te pega es porque te has portado mal; él no lo hace mal, lo haces tú, nos comenta ella. Estas personas te van mutilando, te dejan sin alas, sin capacidad de volar. Él poquito a poco, le fue quitando todo. Para él fue muy fácil hacerse con su voluntad y su persona. Lucía no tuvo la capacidad de reacción para decir BASTA. Para Lucía era duro fracasar, y ella sentía que fracasó desde el primer día.

 

Pero ya sabe que ahora no es así, y aún se enfada el no ver verdaderos avances en la sociedad. Esta lacra de la violencia no diferencia ni cultura ni sociedades. Hay que lucharlo, y ella lo hace con sus libros. En ellos nos cuenta una serie de ítems de cómo identificar los signos de la violencia. Se empiezan por pasos sutiles, para ir subiendo por la escalera de la violencia, y cuando te quieres dar cuenta estás totalmente dentro.

 

Ella nunca se lo contó a su padre ni a sus hijos directamente, así que aprendió a callarse para poder olvidarlo. Pero fue en la pandemia cuando decidió narrarlo todo a través de su libro, y lo hizo usando un pseudónimo. De aquella experiencia, aprendió a conocer su capacidad de lucha. Hoy, la vida sigue, y Lucía está ilusionada con su segundo libro y ya se encuentra pensando en el tercero.

 

Desde Diversitas le preguntamos que qué ha cambiado en su vida desde entonces. Ella nos destaca que como cosa negativa es que vive totalmente alerta y que entiende que será una secuela de por vida. Como aspecto positivo es consciente de que todo ha sido un aprendizaje, como un desarrollo de capacidades y de fuerza. Lucía/Violeta se considera una mujer muy fuerte con una alta empatía.

 

¿CUÁL ES TU MENSAJE PARA OTRAS MUJERES?

No estáis solas. Somos muchas las que estamos aquí y podemos ayudaros. Hay que pedir ayuda. Cada una tiene una historia, su momento y su vivencia, y hay que saber empatizar con cada uno de los procesos. Tenéis que gritar a los cuatro vientos que necesitáis ayuda. Hay que saber decir BASTA. Por que todas sois poderosas y valientes”

Lucía, Julieta, llegó a Diversitas y se encontró con Lara (Trabajadora social de Diversitas), y allí formó parte de un itinerario laboral, pero también sintió que había una mano amiga, como muchas de las que vinieron después.

 

Lara destaca «la fortaleza de Lucía al conseguir salir de esa relación en medio de una dictadura donde los derechos de las mujeres eran vulnerados, y cómo junto a dos comisarios que actuaban de forma particular y una psicóloga planeó, en dos ocasiones, su huida junto a sus hijos”. Lucía no pretende enseñar nada nuevo en este libro, solo quiere contar la experiencia vivida de una mujer y compartirla con otras mujeres que hayan pasado por situaciones similares.